Crónica de Juan Pablo Crespo Antia (Versão em português)
Hace poco más de dos semanas ganabamos el Campeonato de España de Ultimate de segunda división. Todavía me llegan flashbacks de ese momento: la sensación de haber logrado algo que parecía imposible, de haber abierto la puerta a Primera División con un ariete cual padre de Timmy Turner.
Después cuando Pedro Pascoal me escribió ofreciéndonos la posibilidad de jugar con Disc'over Lisboa en el nacional portugués, no dudé ni un segundo. Hacía tiempo que intercambiábamos ideas sobre acercar el Ultimate mixto de césped entre Portugal y España, sobre hacer crecer la comunidad ibérica. Esta era nuestra oportunidad.
Angie, María y Mike respondieron con la misma determinación. Después de la euforia del CEU-X (Campeonato de España de Ultimate Mixto), después de probar el sabor de la victoria, ninguno quería esperar. Nos encaminamos hacia Leiria con hambre de más, con esa sed que solo deja el éxito reciente.
Después de muchas horas de viaje y pocas horas de sueño, me encontré en el Estádio Municipal de Leiria con una sensación extraña: nervios e ilusión mezclados. Las graderías enormes, el césped natural que parecía una alfombra persa. Todo nos confirmaba lo que durante el trayecto no habíamos querido creer completamente: estábamos en Portugal listes para otro campeonato nacional, pero ahora como foráneos. Lo que mas me sorprendió fue que nunca nos trataron como tal. Desde el primer saludo, desde el primer choque de manos, supimos que formábamos parte de algo más grande que nosotros mismos.
El equipo de Lisboa es sólido. Muy sólido. Pero lo que realmente me gustó fue cómo nos hicieron sentir. Nos explicaban su sistema de juego, pero dejándonos espacio para improvisar, haciendo un ajuste mutuo constante. Eso es lo que yo siempre he buscado en el Ultimate: ese equilibrio entre estructura y libertad, donde puedes ser tú mismo mientras sirves a algo colectivo.
La fase de grupos ya estaba ahí. Recuerdo mirar a mis compañeres de Ultimate Sevilla y sentir que teníamos una oportunidad real. Angie llevaba esa energía colombiana que contagia, esa forma de jugar que es pura alegría. María no se dejó nada en sus layouts. Mike simplemente sabia donde y cuando tenia que estar.
Juntos éramos algo distinto a lo que Disc'over ya tenía, pero complementario. Casi como si estuviéramos destinados a estar ahí.
Los portugueses se dieron cuenta rápido. No sé si fue por los movimientos que hacíamos, porque nos conocían previamente de jugar en la Copa Ibérica, o simplemente por la actitud con la que jugábamos cada punto. Pero sentí que confiaban en nosotros, que nos daban el espacio para ser nosotros mismos y complementar su equipo sin destruir su esencia. Eso es mágico en el Ultimate.
Ganamos partidos. Avanzamos. Y cada victoria se sentía como parte de una historia más grande que estar simplemente en un campeonato nacional portugués. Era la confirmación de que dos naciones y dos formas de entender el Ultimate podían fundirse en una sola.
Finalizamos el día invictos y con el privilegio de descansar y empezar el día siguiente a una hora razonable. Solo faltaba un espacio para la cena de equipo, esta fue un caos hermoso español, portugues, inglés, portuñol y spanglish revoloteando, bromas que nadie comprendía del todo pero que hacían reír a todos por igual. Era el idioma del Ultimate en su forma más pura.
Empezamos el día con el último partido de la fase de grupos, ajustando otra victoria y abriendo nuestra puerta a la final.
Llegar a la final con estos compañeros fue diferente a otras finales. Normalmente hay tensión. Aquí había algo más: había gratitud, había emoción, había ganas de disfrutar, reír y pasarlo bien.
Cuando marcamos el 15º punto, cuando levantamos ese trofeo con jugadores a los que hacía una semana solo conocía por contexto... no sé bien qué emoción predominó. ¿Alegría? Sí. ¿Orgullo? También. Pero había algo más profundo. Era la certeza de que el Ultimate es esto: gente de lugares diferentes, con historias diferentes, creando algo juntos en cuestión de días.
En la vuelta a Sevilla, el azul de Disc'over se quedó conmigo. No es solo un color. Es la sensación de haber sido parte de una familia de repente, de haber jugado en un espacio diferente, de haber contribuido a algo mayor que yo mismo.
Pienso en lo mágico que fue todo: un equipo que invitó a cuatro jugadores a casi 400 kilómetros sin dudarlo, que nos hizo sentir como si siempre hubiéramos estado ahí, que nos dijo sin rodeos que éramos parte de la familia. No eran palabras vacías. Las sentía en mi piel.
Ultimate Sevilla envió a cuatro de sus mejores jugadores a Portugal, y regresamos con un título. Ganamos un campeonato español y uno portugués. Mejor forma de cerrar la temporada como campeones ibéricos.
Pero si soy honesto, lo que realmente me traje fue la confirmación de que el Ultimate nos une de maneras que van mucho más allá de un disco volador en el aire.
Entre el júbilo de la victoria alguien mencionó algo sobre jugar juntos de nuevo, quizá en el calendario español del próximo año. Sonreí, sabía que las restricciones españolas para acoger extranjeros lo harían difícil. Pero no me extrañaría que esta sincronía ibérica buscara otros caminos, otros torneos, lugares donde las fronteras no determinen quién puede compartir el campo contigo.
Porque en el Ultimate, cuando encuentras una conexión así, cuando compruebas que la química es real, no es fácil dejarla ir.
Disc'over Lisboa es campeón. Ultimate Sevilla es campeón. Y esto es solo el primer pilar de un camino de crecimiento mutuo de nuestro deporte entre España y Portugal.
Desde aquí, nuestro agradecimiento a Disc'over Lisboa y Pedro Pascoal por la invitación, a la Associação Portuguesa de Ultimate e Desportos de Disco, a Leiria Flying Objects por la organización del campeonato.
Fotografías cortesía de LA Throwback Images bajo licencia CC-BY-NC-SA 4.0.